sábado, 18 de septiembre de 2010

TERESA PARODI - El Canto que no cesa



El 30 de diciembre de 1947, no más llegar al hogar que la esperaba en Corrientes, Teresa Adelina Sellares puso la impronta del arco iris que se formaba.

A los nueve, precoz compositora en la guitarra que afinaba de oído, anunció que de grande sería música popular y empezó a estudiar con el maestro Blas Benjamín de la Vega.

Cincuenta años después, prepara su vigésimo cuarto disco, se acuerda de por lo menos cuatrocientas de sus canciones y recorre el país con su banda para, en cada regreso, acoplarse a los asuntos de los cinco hijos, mimar a los once nietos y disfrutar de tanto amor como sabe procurarse.

Es cierto que la biografía familiar más los sonidos y las palabras que poblaban la amplia casa correntina lo preanunciaban.

La historia cuenta acerca de un bisabuelo catalán médico, eximio pianista, y otro bisabuelo alemán, pintor y concertista de guitarra, compañero de Stokovsky y responsable del rapto de una condesa para traerla a América y comenzar la siembra.

El hogar habla de letras y de músicas, de una mamá maestra y de un papá que emitía para la vecindad su colección completa de música clásica. “Vivíamos en una biblioteca y en una discoteca”, sabe Teresa.
Las noches de invierno en la sala eran para compartir el ciclo de teatro leído de Radio Nacional y las tardes de verano en el campo de Mercedes para no perderse ningún baile ni bautismo ni boda de los peones, paradita Teresa junto a la orquesta, en la pista de tierra mojada.

A los 16, en el ´64, la nena recibió su título de maestra, empezó la carrera de Literatura en la facultad de Humanidades de Resistencia, tomó un compromiso político que hoy sostiene y se puso de novia con el hijo de una familia de trabajadores.

Tanto fue mucho para una familia tradicional desacomodada ya por el divorcio de los padres. Y las reglas cambiaron en la vida de la princesita rubia de ojos claros quien, a partir de semejante declaración de independencia, vio cercenadas las mieles que habían endulzado toda su crianza.
“Para que te acostumbres”, había sido la sentencia paterna.
“Puede casarse” fue la de la jueza que medió, autorizando la boda de la menor de edad.

“Si ya lo hice me la banco”, pensó Teresa esa primera noche que no lograba conciliar el sueño sobre el suelo tapizado en papel de diario del rancho alumbrado a candil en la escuelita de El Dorado, Misiones, con el vecino más cercano a casi dos kilómetros.

Fue la calidez de los vecinos la que le acercó una cama, le suavizó la vida y le procuró las pautas para ese nuevo rumbo. Ella les enseñaba a leer allí, a sumar y a restar; y a cantar, en cuanto pudo llevar su guitarra.
Muy temprano murió su padre, tres meses antes del nacimiento de Guillermo, el primer hijo, a sus veinte años.

De vuelta en Corrientes, concursó y entró como primera solista del Coro de la Orquesta Folklórica de la provincia al tiempo que daba y tomaba clases, componía, cocinaba, recibía premios en cuanto festival de la nueva música correntina se presentara e iba trayendo al mundo a Camilo, a Verónica, a Federico y a Gustavo entre idas y venidas.

Llevaba bastantes kilómetros de ruta cantando junto al maestro Astor Piazzolla y su Quinteto cuando en 1979 empezó la mudanza definitiva a Buenos Aires, cobijado su desarraigo por la calidez de las buenas amistades.

El Teatro del Bajo, La Manzana de las Luces, el anfiteatro de la Universidad de Belgrano, la Sala Planeta, el teatro Popular de la Ciudad, el Museo Larreta, bellas salas de aquellos años, le dieron escenario al camino solista de Parodi.
En 1980, con el auspicio de la Dirección de Cultura de su provincia, debutó grabando el primer disco, Teresa Parodi desde Corrientes.

Poco después, tras componer la música para la cantata “Llegada de un jaguar a la tranquera”, de Francisco Madariaga, imprimió su huella compositora al musicalizar poesía de Jorge Calvetti, de Manuel J. Castilla, de Jorge Luis Borges, de Leopoldo Marechal.

Parte de ese trabajo quedó guardado en Canto a los hombres del pan duro, un cassette registrado en apenas una hora de grabación.

Con su guitarra y temas tan propios como desconocidos, pisó firme el escenario de Cosquín para alzarse con el premio Consagración 1984 del Festival Nacional de Folklore y con las tarjetas de los directores artísticos de todas las compañías grabadoras.

Varios meses más tarde recibió una llamada de Leopoldo Bentivoglio, de Polygram:
“Esperaba su llamado”, le dijo él.
“Y yo el suyo”, le dijo ella, genio y figura.
“Confió, me dejó grabar mis canciones y El Purajhei explotó", habla Teresa de aquel 1985 en el que llovieron discos de Oro y de Platino simples y dobles.
“Pedro Canoero” y “Apurate José” levantaron vuelo, se convirtieron en los temas más escuchados y no aterrizaron nunca más.

Por varios años seguidos Teresa Parodi colmó el Stadium Luna Park siempre que quiso y a repetición. Tanto, que una de las primeras veces la tía Chichota, venida de Corrientes, se preocupó: “Teresa ya no es más sólo de nosotros, ¿cómo vamos a hacer con tanta gente?”

Trashumante, no dejó un solo festival de la vasta Argentina sin arrasar, intercalando los vuelos que la llevaban a San Diego, Houston, Washington, Nueva Orleans, Nueva York, Los Angeles, Miami, Santiago de Compostela, París, Bruselas, Cuba, Distrito Federal mexicano, Chiapas, Monterrey, Amberes, Zurich, Barcelona, Mataró, Estocolmo, Amsterdam, San Pablo, Berlín, Sevilla.

Con el alma en vilo le procuró el premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE) como mejor disco del año 1994 en la categoría Solista Femenina.

Al año siguiente recibió el Premio Konex de Platino al mejor autor / compositor de la década.

Teresa Parodi eligió resistir a las burbujas del menemismo y montó su trinchera itinerante en la mínima expresión de un unipersonal. Como dicho al pasar obtuvo el premio Estrella de Mar por la temporada veraniega de 1996 y se convirtió en disco durante las memorables funciones en el Teatro General San Martín de Buenos Aires.

1999 fue el año de su retorno a los grandes escenarios y a los festivales de todo el país, cuando Cosquín la premió con el "Camín de Oro" a la trayectoria.
Ese mismo año fue destacada con el prestigioso premio del Fondo Nacional de la Artes.

Redescubierta por los medios y el público más masivo, Teresa se consolidó como una de las grandes autoras y compositoras del país y el continente.
En el verano de 2002, su canción "Resistiendo" se convirtió en un himno para tantos seres agobiados por las circunstancias económicas y políticas imperantes.

En julio de ese año, la iniciativa tesonera de Parodi y “Resistiendo” como espectáculo le dieron envión a la reapertura del tradicional teatro Ateneo para la música popular argentina.

En marzo de 2003 firmó contrato con BMG y grabó Soy feliz con la producción artística de Afo Verde, álbum por el que recibió el Premio Gardel a la Música.
Tras Pequeñas revoluciones (SonyBmg, 2005) y muchos miles de kilómetros más, Teresa Parodi transita un presente de muchos buenos planes, tareas públicas, ajetreos privados y nuevo disco en marcha.

Al año siguiente, Teresa también dirigió la Dirección General de Música de la Ciudad de Buenos Aires, de la que es Ciudadana Ilustre.

El año 2007 fue un momento de balance de su vida discográfica, con la edición de Autobiografía un disco que ella misma define como “una manera de repasar mi vida con la canción”. Entró al estudio a regrabar 13 clásicos de su repertorio (“Pedro Canoero”, “Apurate José”, “Canción para Verónica”, “A la abuela Emilia”, entre otros), además de una versión de “El ángel de la bicicleta” de León Greco y 4 temas nuevos, entre los que se destaca “Aún caminan conmigo”, acompañada por la Orquesta Juan de Dios Filiberto.

Link de descarga : http://www.mediafire.com/file/4066k73yh7kj4j2/Teresa%20Parodi%20-%20El%20Canto%20que%20no%20cesa%20-%20Vivo.rar

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada